
Así inicia una canción infantil mexicana que es muy conocida entre nosotros. Hoy quisiera utilizarle como preámbulo que resalte todo lo sucedido después del terrible temblor que sacudió a la ciudad de México el pasado 19 de septiembre.
La ciudad entera clamaba «dame un abrazo que yo te pido», a lo que felizmente tuvo una gran y contundente respuesta con un SI de la propia ciudad, de todo el país y del mundo entero.
Ya se han escrito muchas páginas respecto a todo ello, sin embargo vale la pena seguir resaltado las cosas positivas que vimos durante las horas y días posteriores al sismo.
Aquí un recuento de ello:
– Los capitalinos reaccionaron en minutos. De una forma u otra, millones de ellos fueron al apoyo de los que habían sido afectados. En horas, ya había centros de acopio recibiendo y organizando brigadas. Miles de personas ya estaban listos para ayudar físicamente y los supermercados fueron insuficientes para cubrir la gran demanda de bienes que unos compraban para los damnificados.
Todavía no acaba la ciudad de sacudirse el polvo de los edificios caídos, cuando los ciudadanos ya estaban de pie, organizados y con una gran actitud de apoyo.
– La solidaridad nacional y mundial: los mexicanos se unieron en torno a la desgracia sucedida en la ciudad de México. Llegaron apoyos de todo el país con una respuesta decidida y contundente.
Como un ejemplo de la genuina preocupación de quienes viven en provincia, un servidor recibió más llamadas de amigos que en cualquier día de mi cumpleaños.
– Cero memes: Me dio mucho gusto ver que no hubo ni un solo meme relacionado con el temblor y que las redes sociales, en general, cumplieron con su principal objetivo: comunicar y conectar
– El duelo es genuino y los homenajes también. Pudimos ver muestras de dolor, minutos de silencio desgarradores pero, al mismo tiempo, honramos a los héroes que se presentaron ante esta situación, entre ellos, el equipo canino de búsqueda.
Toca la marcha, mi pecho llora…
¡México está de pie!