
El pasado 21 de enero, conmemoramos el natalicio de un héroe de nuestra Independencia: don Ignacio Allende quien fue un ejemplo de amor por la patria y de inspiración para un pueblo que buscaba un gran cambio. Pueblo que, inspirado por nuestro héroe, cantaba:
¿Quién es tu perfecta guía? María.
¿Quién reina en tu corazón? La Religión.
¿Y quién su causa defiende? Allende.
Pues mira, escucha, y atiende,
que el valor es lo que importa,
Pues que por eso te exhorta
María, Religión, y Allende.
Esto era provocado por su personalidad y valentía de Ignacio Allende, apenas iniciada (1810) la Guerra de Independencia.
Y quizás el reconocimiento más grande, con el aplauso general, lo recibió ese gran héroe cuando el Señor José María Morelos, en el número 23 de sus “Sentimientos de la Nación”, mandó:
“Que igualmente se solemnice el día 16 de septiembre todos los años, como el día aniversario en que se levantó́ la voz de la Independencia y nuestra santa Libertad comenzó, pues en ese día fue en el que se desplegaron los labios de la Nación para reclamar sus derechos con espada en mano para ser oída; recordando siempre el mérito del grande héroe, el señor Dn. Miguel Hidalgo, y su compañero Dn. Ignacio Allende.”
Quienes fuera jefes y oficiales de los ejércitos insurgentes: Juan Aldama, Mariano Jiménez, Nicolás Bravo, Hermenegildo y Pablo Galeana tenían un grande aprecio por Ignacio Allende, quien como miliciano era Capitán (1809) del “Regimiento de Dragones de la Reina”, lo conocían como valiente, intrépido y como persona culta y de valer.
Todas esas virtudes las puso Allende al servicio de un motivo superior: la independencia de su patria, a la que además amó tanto que hasta su vida ofreció por ella. Sus biógrafos lo describen como “alto, de contextura atlética, de pelo rubio y crespo, lo mismo que la barba, blanco de ojos garzos y muy vivos, nariz aguileña, boca bien formada, animada siempre por una sonrisa que así anunciaba la condescendencia como también desdén.”
Si bien en la insurgencia el pueblo cansado de 300 años de esclavitud siguió a don Miguel Hidalgo, los militares y milicianos novohispanos, y todos aquellos que algo sabían del arte de la guerra, siguieron a Ignacio Allende, arrastrados además por su ejemplo de amor a la patria, cuyos cimientos coadyuvó a poner para hacerla nacer libre, soberana, y digna de un lugar en el concierto de las naciones. Honor a don Ignacio Allende, capitán de los ejércitos libertadores de México.