La Constitución de 1857

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Aprovechando la reciente conmemoración de nuestra constitución de 1917, vale la pena mirar atrás y conocer sobre una constitución previa de nuestro país, la de 1957.

A partir de la Revolución Francesa (1789) los países de Europa y América iniciaron una serie de movimientos sociales, las más de las veces también armados, a lo largo de todo el Siglo XIX para realizar lo que llamaban la secularización de la sociedad.

La Revolución Francesa proclamó las Libertades mediante la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Así, durante casi un siglo todos los países lucharon de muy diversas maneras para acabar con el absolutismo de los reyes y el control de las conciencias de las Iglesias.

Las constituciones políticas de Francia y los Estados Unidos de Norte América fueron las primeras en organizarse en una nueva forma de gobierno, llamada Democracia, y en proclamar las libertades de pensamiento, de publicar, de investigar y de educar, de culto, de elegir una forma de vivir, de ejercer una profesión u oficio. Los siguieron todos los países, aunque la oposición de aquellas dos instituciones milenarias, reinados y religiones fue muy grande, y costaron muchas vidas. Finalmente se logró, y después de la Primera Guerra Mundial (1918) todos los países de Europa y América estaban organizados democráticamente.

En México esto se logró mediante la Constitución Política de 1857. Sin embargo, no fue aceptada por el poderoso grupo de los llamados Conservadores, por lo que se inició la que conocemos como la Guerra de Reforma.

Los más importantes logros de la Constitución de 1857 fueron: México quedó definitivamente constituido como República Federal, con una clara división entre los Poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, que ahora a nosotros nos parece muy normal, y en su organización interna con independencia absoluta de las intervenciones del ejército, de los poderosos del dinero y de la Iglesia. Se conquistaron también la libertad de educación, la libertad de pensamiento y de imprenta, con la libre circulación de las ideas, la libertad de culto, la libertad de traslado, y otras con las que ahora nosotros vivimos cotidianamente.

Y la sociedad “se secularizó”; es decir dejó de vivir bajo las normas de una religión, para organizarse conforme a las Leyes Civiles de la Democracia; se acabó con los fueros del ejército y de la iglesia, para que todos los ciudadanos mexicanos fueran iguales ante la ley; se instituyeron el registro civil, el matrimonio civil, los panteones civiles. Y se instituyó el Estado Laico: el estado no protege a ninguna religión, tampoco se opone a ninguna, y garantiza que todos los cultos se practiquen libremente y no se agredan entre sí.

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