J. Vasconcelos

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El día de hoy queremos ofrecer un homenaje a uno de los grandes hombres de nuestro México, de alguien que tuvo una gran influencia en una de las tareas más nobles que tiene cualquier nación y que es la de educar a su pueblo. Hombre brillante, que no sólo fue un gran ideólogo, sino que, por encima de ello, fue un gran realizador de obras de gran importancia y transcendencia para la educación en México. Este hombre es José Vasconcelos. Revisemos un poco de su obra a continuación:

Uno de los grandes ideales de la Revolución Mexicana era la de terminar con la gran ignorancia, la incultura total y la miseria moral del pueblo mexicano durante el Porfiriato.

Esta meta tenía mucho que ver con todo lo relacionado con la Educación, lo cual tenían muy claro el presidente Obregón y de su primer Secretario de Educación, José Vasconcelos, Ambos iniciaron aquella aurora educativa con la creación de las escuelas rurales, escuelas técnicas, escuelas elementales e indígenas. Como soldados de una moderna cruzada, la Secretaría envió a los sitios más apartados a cientos de “maestros misioneros”. “Los maestros misioneros de México tiene sus propias señas y principios. Son hombres y mujeres ‘de gran fe’ (escribe José Vasconcelos) que siempre ayudan al más desprotegida; no son en verdad religiosos, pero proclaman el amor a los demás como a sí mismos.”

Recordemos que los principios originales de la educación en la Constitución de 1917 eran: enseñanza libre, gratuita, democrática, laica, obligatoria la primaria de parte del estado y de los padres de familia o tutores, y los establecimientos particulares deberían sujetarse a las leyes del estado, pues estaba demostrado que la mayoría obedecían a intereses ajenos a los nacionales. Por democrática debe entenderse que la enseñanza, o educación, debe ser la misma para “el hijo del rico que el hijo del barretero” (como lo exigió JM Morelos 100 años antes), sin exclusiones ni exclusivismos.

La escuela (o sea, la educación escolar) fue para Vasconcelos sólo un aspecto de su amplísima y trascendente obra. Otro fue el desarrollo de las Bellas Artes.  Vasconcelos contó con maestros educadores de gran talla, Rafael Ramírez, Gregorio Torres Quintero y Moisés Sáenz, y con la asesoría nada más y nada menos que de Gabriela Mistral.

Abundaron en escuelas, parques y jardines los bailables con música mexicana, los orfeones y todo tipo de festivales musicales, con pequeños grupos y bandas locales. En 1921 Ramón López Velarde escribe “La Suave Patria”. Y también a partir de entonces los pintores Diego Rivera, José Clemente Orozco, Jean Chariot, Fermín Revueltas, David Alfaro Siqueiros y Roberto Montenegro, entre otros, se adueñan de los muros para expresar el evangelio social de la Revolución, y expresar su seguridad en un porvenir venturoso para los mexicanos. Esto, por cierto, fue verdad durante 50 años, por lo menos hasta 1970.

Vasconcelos fue oriundo de Oaxaca (27 de febrero de1882), fue director (1914) de la Escuela Nacional Preparatoria, jefe (1920) del Departamento Universitario y de Bellas Artes, donde diseño el Escudo de la UNAM y de su lema “Por mi raza hablará el espíritu”. Publicó una veintena de importantes libros, principalmente de Filosofía, pero también de política y de Historia, entre los que sobresalen “La raza Cósmica”, “Ulises Criollo”, “Breve historia de México”.  Por cierto, reorganizó la Biblioteca Nacional, dirigió un programa de publicación masiva de autores clásicos, fundó la revista El Maestro, y propició la celebración de la primera Exposición del Libro. Por tan ingente y provechosa labor social y educativa, mereció el sobrenombre de El maestro de la juventud de América.

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