Tenochtitlan

imagen 3

El pasado 13 de marzo se celebró el aniversario de la fundación de Tenochtitlan. Si bien, se han manejado varias fechas, esta es la que logra mayor consenso entre los historiadores.

Por su importancia histórica, cultural y social, creemos importante repasar un poco de su origen a fin de fortalecer nuestras raíces como mexicanos. Sea como sea, hoy sigue siendo un motivo de gran orgullo nacional y centro de visitas de todas partes del mundo.

La fundación de la ciudad se data así: “El día yei ollin, tecuilhuitontli, año 1 calli (que corresponde al 13 de marzo de 1325), a la hora astronómica trece horas cuarenta y un minutos, cuando Tonatiuh (el sol) se convierte en Cuauh-papalotl (pasa el cenit) se fundó México-Tenochtitlan”.

Parece que todos conocemos el significado de la palabra “México”, como ombligo de la luna. Pero según parece hay algo más: el obligo de la luna se corresponde al ombligo del Anáhuac (la tierra entre dos aguas), y considerando al ombligo como centro del cuerpo humano y como el cordón umbilical del nacimiento: tendríamos que México es el centro de la tierra y el lugar del nacimiento de un pueblo importante en la Historia de la Humanidad.

¿Por qué ahí precisamente? Según la leyenda Cópil, sobrino de un Gran Sacerdote llamado Cuauhtlequetzqui (águila que se alza, que levanta el vuelo) atacó a los Aztecas cuando llegaron al lago que ahora nosotros llamamos de Texcoco; este sacerdote ordenó que lo hicieran prisionero y arrojaran su corazón entre los carrizos y las espadañas del lago. Y luego les habló diciendo (Fray Diego Durán, 1579): “sabed que ese corazón cayó encima de una piedra, del cual nació un tunal y es tan grande y hermoso que un águila hace en él su habitación y morada… Encima de ese tunal la hallaréis a la hora que fuere del día, pues a ese lugar le pongo por nombre Tenochtitlan (Lugar de tunas).

El texto está lleno de símbolos. El corazón es de un noble, o de un perteneciente a la calase sacerdotal: además de la importancia de los corazones en la cultura náhuatl (ofrecidos al sol para alimentarlo y no muriera) es el de un ser humano escogido, de alguna manera especial. Las piedras son “hijas de la tierra”; el agua es la fuente de la vida. Los nopales son de una extraordinaria abundancia, una excelente comida y fuente medicinal, y sus frutos son igualmente sabrosos, abundantes y, al menos de allí, de color rojo. Advertimos también que el lugar no se llamó la nopalera, sino tomó el nombre del precioso fruto rojo: las tunas, que en sí tienen también abundancia de semillas, fuente de futuras vidas. El encuentro de los Aztecas con el águila debiera darse precisamente a la hora de mayor luz solar sobre la tierra, con todo lo que eso quiere decir.

Por eso así cantó Chimalpain (1579-1660): “Así en el porvenir jamás perecerá, jamás se olvidará, siempre lo guardaremos nosotros hijos de ellos, quienes tenemos su sangre y su color, lo vamos a decir, lo vamos a comunicar a quienes todavía vivirán, habrán de nacer, los hijos de los Mexicas, los hijos de los Tenochcas…”

Así ha sido hasta ahora, como lo hacemos nosotros hoy, y así será “mientras dure la tierra”.

Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario