
Por otro lado importante recordar que estos Sentimientos de la Nación fueron dados a conocer el 13 de septiembre de 1813, con lo cual el pasado viernes cumplieron 206 años con una vigencia impresionante.
Recordemos un poco al respecto:
Es verdad que los Sentimientos de la Nación no fueron suscritos a plenitud por los legisladores insurgentes; sin embargo, su impronta es muy fácil de hallar en la Constitución de Apatzingán (22 de octubre de 1814). Su importancia reside, como señala Herrejón Peredo, en que “recapitulan, corrigen y reformulan propuestas y declaraciones principalmente de Hidalgo, de Rayón y de las Cortes de Cádiz, así como del propio Morelos” y, junto con el Reglamento, “forman parte de un proceso en que las demandas de diversos grupos, percibidas y expresadas por el caudillo del sur, así como las disposiciones de Hidalgo, las propuestas de Rayón y otros, son eslabones indispensables para su adecuada comprensión”.
Además, sus propuestas más importantes sobre temas como la educación, la organización social y la justicia, la economía, las características de los Diputados (sabios y probos), e incluso las relaciones internacionales, son posibles de rastrear en las sucesivas constituciones de 1824, 1857 y 1917, así como en las leyes que de ellas se derivaron. Todavía en la actualidad, a pesar de tanto desorden y de no poca confusión en las reformas a las reformas constitucionales, son posibles de rastrear a lo largo de nuestra Historia, y son una especie de objetivos nacionales en los que reconocemos lo que nos falta por hacer.
Los Sentimientos de la Nación son un documento excepcional y de avanzada en los inicios de la historia del pensamiento político mexicano. Son una prueba palpable de que Morelos y los demás integrantes del Congreso de Chilpancingo estaban empapados de las ideas ilustradas y liberales en boga tanto en Europa como en Hispanoamérica; por supuesto que también conocían la tradición escolástica en la cual habían sido educados. El documento es producto de un momento cultural común a Europa y América, pero que de igual forma recoge preocupaciones propias de la realidad novohispana. Ni más, ni menos.