En nuestros días, en que la relación con otros países es cada vez más estrecha e importante para nuestra propia realidad en México, es muy importante conocer el origen de la Doctrina Estrada que debiera, acorde a nuestra Constitución, regir dichas relaciones.
Iniciemos con revisar el texto de la Constitución:
Artículo 89, Fracción X: “Dirigir la política exterior y celebrar tratados internacionales, sometiéndolos a la aprobación del Senado. En la conducción de tal política, el titular del Poder Ejecutivo observará los siguientes principios normativos: la autodeterminación de los pueblos; la no intervención; la solución pacífica de controversias; la proscripción de la amenaza o el uso de la fuerza en las relaciones internacionales; la igualdad jurídica de los Estados; la cooperación internacional para el desarrollo; la lucha por la paz y la seguridad internacionales; y la protección al medio ambiente para el desarrollo sustentable.”
Un gran texto sin duda que ha permitido a México tener muy buenas relaciones, en general, con el resto del mundo. Y, no sólo eso, sino que además la admiración, respecto y afecto de casi todos los países en el mundo.
Este texto surge, como decíamos al inicio, de la Doctrina Estrada cuyos orígenes vienen desde El 27 de septiembre de 1930, año en que el Genaro Estrada, escribió lo siguiente: “Después de un estudio muy atento sobre la materia, el gobierno de México ha transmitido instrucciones a sus ministros o encargados de Negocios en los países afectados por las recientes crisis políticas, haciéndoles conocer que México no se pronuncia en el sentido de otorgar reconocimientos, porque considera que ésta es una práctica denigrante que, sobre herir la soberanía de otras naciones, coloca a éstas en el caso de que sus asuntos interiores puedan ser calificados en cualquier sentido, por otros gobiernos, quienes de hecho asumen una actitud de crítica al decidir, favorable o desfavorablemente, sobre la capacidad legal de regímenes extranjeros. En consecuencia el gobierno de México se limita a mantener o retirar, cuando lo crea procedente, a sus agentes diplomáticos, y a continuar aceptando, cuando también lo considere procedente, a los similares agentes diplomáticos que las naciones respectivas tengan acreditados en México, sin calificar, ni precipitadamente, ni a posterior, el derecho que tengan las naciones extranjeras para aceptar, mantener o sustituir a sus gobiernos o autoridades.”
Genaro Estrada Félix, nacido en Mazatlán en 1887, es uno de los grandes talentos mexicanos: periodista, novelista, poeta, investigador, incluso editor de documentos muy importantes del servicio exterior mexicano. Fue Secretario de Relaciones Exteriores de 1930 a 1932. Su legado y sus principios en política exterior son admitidos y practicados por muchos países además de México y eso debe ser motivo de admiración y orgullo.