Mariano Escobedo, ejemplo de patriotismo y amor por la patria

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Vale la pena siempre rescatar y recordar a aquellos héroes que nos han dejado un legado importante en la historia de México. Los más importantes se recuerdan constantemente en las diferentes celebraciones a lo largo del año: Morelos, Hidalgo, La Corregidora, Allende, etcétera.

Sin embargo, tenemos a otro grupo igualmente valioso que pocas veces nos detenemos a recordar. Un grupo de ellos son los conocidos como “los Chinacos”; ésos guerreros del pueblo que pelearon las guerras contra los invasores estadounidenses, contra los intervencionistas franceses, hicieron la Revolución de Ayutla y triunfaron en la Guerra de Reforma. Fueron auténticos mexicanos que con sus sacrificios, mal armados y peor comidos, pero con su valentía no sólo defendieron a México, también dieron las bases de nuestra nacionalidad al encontrar una base de identidad.

Un gran ejemplo de ellos fue el general Mariano Escobedo, quien salió de los desiertos de Nuevo León para pelear 30 años en las guerras importantes y trascendentes de este nuestro país, y que de soldado raso llegó a ser ministro de estado. Nació en San Pablo de los Labradores, municipio de Galeana, Nuevo León, el 16 de enero de 1826.

En 1846, los 20 años de edad, se enroló en el ejército mexicano, sin ninguna preparación previa, para luchar como soldado raso contra la invasión de los estadounidenses y se dio a conocer como experto jinete, de gran astucia y valentía, en la batalla de Monterrey, y en las subsecuentes de Angostura y Cañón de Santa Rosa, lo que le permitió conocer las pésimas decisiones del general Antonio López de Santana, y de dudar del nacionalismo de este nefasto personaje. Por eso, cuando surge la Revolución de Ayutla (1854) contra la dictadura de Santa Anna, Mariano Escobedo reúne un grupo de caballería y él se pone al frente con el grado de capitán, por lo que toma parte en batallas importantes y le es reconocido su grado por el nuevo ejército mexicano nacido de esa revolución.

Después tomó parte muy activa en la Guerra de Reforma (1858-1860), donde alcanzó el grado de coronel. Obtuvo muchas victorias, pero también algunas derrotas, peleando por los Liberales en Durango, Zacatecas, Jalisco, Guanajuato y Oaxaca. Terminada esta guerra civil se retiró a la vida privada, de la que salió para unirse a las fuerzas mexicanas que peleaban contra la intervención francesa, y en la batalla de Puebla del 5 de mayo alcanzó el grado de general brigadier. Después su vida parece una leyenda de grandes aventuras siempre peleando contra los franceses, hasta que el presidente Juárez lo nombra General en Jefe del Ejército de Oriente que pone sitio a Querétaro en 1867 y logra tomarla. El llamado emperador Maximiliano de Habsburgo, con sus generales Ramón Mejía y Miguel Miramón, rindió sus armas ante el general Mariano Escobedo, quien, en ese momento de gloria, suma 147 los combates en que tomó parte.

Fue gobernador de Nuevo León en 1865, y de San Luis Potosí en 1870; Ministro de Guerra y Marina en el gobierno del presidente Sebastián Lerdo de Tejada (1872-1876). Murió en Tacubaya en 1902, rodeado de honores. Muchas calles, ciudades, municipios, escuelas, llevan su nombre, nombre que está escrito con letras de oro en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión.

Sus restos descansan en la Rotonda de los Hombres Ilustres. Es un Chinaco, un mexicano que por su amor a México de la nada llegó a la calidad de héroe. Honor a Mariano Escobedo.

 

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