La solidaridad y el amor hoy.

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En otras ocasiones hemos tratado sobre cómo los mexicanos practicamos la solidaridad en casos de desastre, y es en verdad hermoso vernos sacrificando mucho de nosotros mismos por los demás.

Hoy, sin embargo, se trata de practicar la solidaridad para evitar un desastre social, pues estamos en medio de una urgencia sanitaria, lo que llamamos la “pandemia global del Coronavirus” (“COVID-19”), cuyos ejemplos devastadores hemos observado con alarma en China, Italia y España, por ejemplo.

En un caso como éste parece más difícil que los mexicanos entendamos la manifestación urgente de nuestro modo de ser solidarios, porque no vemos edificios derrumbados ni ciudades inundadas.

Los medios de comunicación nos han informado constantemente, y las centrales médicas con suficiencia, sobre las previsiones que debemos tener para prevenir que el COVID-19 se convierta entre nosotros en una epidemia que nos afecte a todos, no necesariamente con la enfermedad o la muerte, sino también en los cuidados que deberemos tener con nuestros enfermos, así como sus efectos en la economía y en trastorno general de nuestras vidas.

Pero si no fuera por eso, que sea por nuestra índole fraternal a la mexicana. Recordemos que la solidaridad la practicamos cuando otra u otras personas necesitan de nuestra ayuda, de nuestra colaboración, y en este caso todos los mexicanos necesitamos de la ayuda de todos.

Y hacerlo, primero, como debe hacerse: ayudar a los demás sin la intención de recibir nada a cambio; pero también, segundo, por un motivo personal para no ser personalmente infectado, ni mi familia.

En este caso, pues, hemos de entender la solidaridad como un medio efectivo para alcanzar un provecho común, detener el COVID-19 para que no sea causante de males mayores.

Finalmente, reflexionemos en que a veces la solidaridad no es suficiente para movernos por el bien general de la sociedad; entonces deberemos hacerlo tomando en cuenta el amor. Recordemos que el amor se da entre dos: el amante y el amado, y que no necesariamente es reciproco, pero ciertamente por parte del amado puede ser motivo de agradecimiento. Así pues, nuestras acciones para evitar el COVID-19 pueden tener como objeto ciertamente el bien social, como también la salud propia (qué tanto me amo) y la de aquellos a quienes amamos cercanos a nosotros, como nuestras familias y amistades más queridas.

Sea entonces nuestro compromiso ante el COVID-19 en nuestra patria, la práctica de los Grandes Valores de la Solidaridad a la mexicana, y el Amor universal.

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