
El día de hoy se celebra, a nivel mundial el día internacional de la Tierra que, en realidad debería decir “de la madre tierra”. Desde antiguo se le reconoció así: “la madre nutricia”, es decir, la que alimenta. La Geo o Gaia de los Griegos, madre originaria. Un poeta latino la llamó “alma tellus mater” (alma de la madre tierra), y todos los pueblos originarios de América la veneraban bajo nombres de significación igualmente hermosa: la Pachamama del Quechua, la Coatlicue de los Nahuas, o la también la diosa Chalchiuhtlicue, que regía las aguas de ríos y mares y sin la cual no hay vida.
Somos nosotros, los humanos de las últimas centurias quienes por la explotación indiscriminada de los recursos naturales y por nuestras culturas citadinas, nos hemos “desprendido de la tierra” y ha pasado de ser “la madre que nos alimenta” a un objeto de usufructo económico, o “un concepto” en las noticias, cuando no un olvido.
Por eso, independientemente de los orígenes de la fecha y de su intención primera, vamos nosotros a tomar los siguientes conceptos del proyecto de la “Declaración de los Derechos de la Tierra”, de “nosotros los pueblos de la tierra”, que se expresan por sí mismos:
- Considerando que todos somos parte de la Madre Tierra, una comunidad indivisible, vital, de seres interdependientes e interrelacionados con un destino común;
- Reconociendo con gratitud que la Madre Tierra es fuente de vida, alimento, enseñanza, y provee todo lo que necesitamos para vivir bien;
- Convencidos de que en una comunidad de vida interdependiente no es posible reconocer derechos solamente a los seres humanos, sin provocar un desequilibrio en la Madre Tierra;
- Afirmando que para garantizar los derechos humanos es necesario reconocer y defender los derechos de la Madre Tierra y de todos los seres que la componen, y que existen culturas, prácticas y leyes que lo hacen;
- Conscientes de la urgencia de tomar acciones colectivas decisivas para transformar las estructuras y sistemas que causan el cambio climático y otras amenazas a la Madre Tierra.
Para entender mejor esta idea de la madre tierra, imaginemos que desaparecen los sistemas bancarios, la explotación minera, las grandes empresas e industrias de aviones, automóviles y de sistemas de información, etcétera, los empresarios y empleados no tendrían dinero para comprar ¡alimentos! Y los alimentos, aunque sean procesados y empaquetados, tienen origen en las cosechas de los agricultores, que las obtuvieron de la tierra, de la madre tierra, la madre nutricia de todo cuanto tiene vida, sin ella no sería posible la vida como la conocemos en este planeta.
Cada uno de nosotros tiene consciencia de lo que puede hacer en favor de la Madre Tierra, y en nuestro respectivo modo de vida, así sea poco o mucho habremos de hacerlo, y de enseñar a otros a hacerlo. Habrá que hacerlo.