
Heredero de una las formas culturales más antiguas y mejor estudiadas de México, la Astronomía, el científico Guillermo Haro Barraza fue inhumado en la Rotonda de los Hombres Ilustrados a su muerte en abril de 1998, por sus enormes aportaciones y descubrimientos en esa ciencia en particular, y en las Ciencias Exactas en general.
Sin embargo, su nombre y su obra son casi desconocidas entre los mexicanos, aunque le honren los especialistas nuestros, y de todo el mundo.
Recordemos que la Astronomía es una de las ciencias que alcanzó niveles de excelencia en las Culturas Mesoamericanas, particularmente entre los Mayas y los Aztecas. Ambos pueblos conocían a la perfección los movimientos de los planetas Marte, Júpiter y Saturno alrededor del sol, y en particular el de dos que tuvieron para ellos importancia capital en la organización de sus vidas civiles y religiosas: Mercurio y Venus. Calcularon con precisión los movimientos de la luna y del sol, y tuvieron un gran conocimiento de dos galaxias para ellos trascendentes: Las Pléyades y la Vía Láctea. Todavía hoy admiran sus descubrimientos y cálculos astronómicos.
Pues en ese contexto se inscribe la labor astrofísica de Guillermo Haro, quien afirmaba que “servirse de la ciencia y de la técnica con profundo espíritu humanista, conducirlas, encauzarlas hacia el bienestar y la paz, es la tarea fundamental de nuestra época”. Y sigue siéndolo.
Fue consejero del Instituto de Astronomía, investigador de tiempo completo en la UNAM, editor de los boletines de los observatorios de Tonantzintla y de Tacubaya, y presidente de la Academia de la Investigación Científica. En 1953 recibió la Medalla de Oro “Luis G. León” de la Sociedad Astronómica Mexicana; en 1962, la Medalla Honorífica de la Academia de Ciencias de Armenia y, en 1963, el Premio Nacional de Ciencias.
Vale la pena recordar algunas de sus actividades e investigaciones, que incidieron en el desarrollo de la Astronomía nacional y mundial: En colaboración con los profesores Luyten y Zwicky, organizó la Primera Conferencia sobre Estrellas Azules, celebrada en Estrasburgo en agosto de 1964, y junto con los doctores Samuel Ramos y Elí de Gortari, fundó el Seminario de Problemas Científicos y Filosóficos, que promovió la edición de 27 libros y un buen número de folletos de divulgación. Ha publicado unos 70 trabajos de su especialidad, entre ellos “Cometa Haro-Chavira” (1955) que él descubrió. Y otros sumamente especializados.
Finalmente, recordemos que fue miembro de la Sociedad Astronómica Americana, de la Sociedad Real Astronómica de Inglaterra y de la Sociedad Astronómica del Pacífico, entre muchas otras.
Un talento mexicano de excelencia, que se inserta en nuestra tradición cultural de milenios, la Astronomía, y a quien hoy tenemos el orgullo de recordar y homenajear.