Al Maestro con cariño… en su día!

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Vivimos una época sin precedentes en la historia de nuestro país. Sin lugar a dudas, la labor de quienes tenemos niños o jóvenes bajo nuestra tutela será fundamental para salir bien librados e, idealmente, fortalecidos, de esta pandemia y consecuente aislamiento social. Caso particular son los Maestros escolares, quienes hoy celebran su día y a quienes dedicamos la publicación del día de hoy.

Por cierto, soy hijo de profesores, lo cual me llena de orgullo y satisfacción. Vaya para ellos un especial abrazo y reconocimiento.

Los grandes maestros de la antigüedad, y en realidad de todos los tiempos, siempre han tenido en mente, y por lo mismo en su propósito, que lo que llamamos instrucción o educación, es en realidad la formación integral del ser humano en las primeras etapas de su vida para ser feliz. Desde los egipcios y sumerios hasta nuestros días, pasando por los griegos y los grandes teóricos del Siglo XIX, han centrado su acción educativa en la formación de la inteligencia, que incluye los convenientes conocimientos, y del comportamiento, basado en los Valores, todo lo cual permitirá al adulto ser útil a sí mismo, a su entorno físico, y a la comunidad donde vive. El cumplimiento de todo eso, adecuado a las circunstancias del ser humano individual y social, es lo que en su concepto llamaban felicidad.

Ahora bien, cuando los maestros o profesores en las aulas y en el quehacer educativo de todos los días buscan cumplir con ese tan noble propósito, según sus propias realidades, y de acuerdo a los niveles escolares de los niños y jóvenes confiados a su acción formativa, no sólo actúan como maestros en toda la extensión de la palabra, sino que además lo hacen de manera que merecen el reconocimiento social, y, desde luego, el agradecimiento de sus alumnos.

Si ahora consideramos que esa formación integral debe ser también lo que algunos llaman personalizada, obtendremos un resultado que, si no fuera realmente humano, podríamos llamar maravilloso. Una acción educativa por parte de los maestros que mantenga esta dirección, formará mentes curiosas, críticas, analíticas; formará ciudadanos responsables: personas capaces de responder positivamente lo mismo ante el éxito que ante la adversidad, sobre todo ante los grandes problemas sociales, sean ocasionados por la naturaleza o por las acciones humanas.

De los muchos maestros mexicanos de excelencia, vamos a recordar sólo éstos, que han estimulado a miles para su labor en las aulas: Justo Sierra, conocido como el “Maestro de América”, tuvo como lema “educar quiere decir fortificar”; Enrique Rébsamen, y la educación normal; José Vasconcelos, quien primero en la Universidad, “Por mi raza hablará el espíritu”, y después como primer Secretario de Educación, impulsó la educación popular en todo el país; Rosaura Zapata, impulsora de la Jardines de Niños; Gregorio Torres Quintero, inventor del Método Onomatopéyico para la enseñanza de la lecto-escritura; Lucas Ortiz Benítez, fundador del CREAL (Centro Regional para la Educación en América Latina), cuya influencia abarcó precisamente toda Latinoamérica; y Jaime Torres Bodet, quien fue Director General de la UNESCO, y como Secretario de Educación mediante el Plan de Once Años, logró llevar la educación primaria a todo el país.

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