Las abejas

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El pasado 20 de mayo se celebró el Día Mundial de las Abejas.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU), al comprender que desde años se encuentran en peligro de extinción las abejas y otros muchos polinizadores como las polillas, las moscas, las avispas, los escarabajos, los murciélagos, las mariposas, ¡los hermosos colibríes! Todos son imprescindibles para los seres humanos pues, de manera directa o indirecta, dependemos de ellos para nuestra alimentación; decidió proclamar este día como dedicado a las abejas, y en realidad a todos los polinizadores, para:
Llamar la atención de la población mundial y de los políticos sobre la importancia de proteger a las abejas y los otros polinizadores; recordar que dependemos de las abejas y los otros polinizadores para más del 70 por ciento de nuestra alimentación; para proteger a las abejas y a los otros polinizadores para contribuir de forma significativa a resolver los problemas relacionados con el suministro mundial de alimentos; detener la pérdida de la biodiversidad y la degradación de los ecosistemas, y, de esa manera, contribuir al logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible para la población de todo el mundo.

Lo que está matando a las abejas y los otros polinizadores es, en primer lugar, los productos tóxicos, los plaguicidas y herbicidas utilizados en la agricultura, que pueden provocar el envenenamiento agudo y crónico, tanto individualmente como de colonias enteras. También las enfermedades, los parásitos, especies invasoras que se alimentan de abejas, los cambios en la biodiversidad; pero fundamentalmente los químicos en la agricultura, y últimamente se ha descubierto que las microondas de los celulares afectan su sistema de orientación y acaban muriendo de hambre.

De las abejas obtenemos, además, para consumo directo, para las industrias médicas y cosméticos, miel, jalea real, polen, propóleos, cera.

En México hay cerca de dos millones de colmenas y más de 43 mil apicultores, según datos de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader). México ocupa el séptimo lugar como productor de miel a nivel mundial y en los últimos cinco años se promedió una producción anual de 58 mil toneladas, en tanto que el año pasado se obtuvo una producción de 62 mil toneladas, la más alta en las últimas dos décadas, y de todas ellas muchas han llegado a nuestra mesa. Pues todo esto está en peligro si disminuyen o se acaban las abejas.

¿Qué podemos hacer nosotros por las abejas y los polinizadores en general? En primer lugar influir desde nuestra circunstancia para que se dejen de producir y de aplicar los productos químicos que no sólo matan a los polinizadores, sino que son dañinos para nosotros, y de esta manera también apoyar una agricultura ecológica. No utilizar plaguicidas en nuestros jardines, y, en cambio, utilizar los espacios de nuestras casas para sembrar, en macetas o lo que podamos, plantas que floreen para alimentar a las abejas. Apoyar, según nuestro alcance, todas las acciones tendientes a salvar a las abejas. Consumir productos locales de origen ecológico: aumentar nuestro consumo que tengan como origen las colmenas.
Las abejas nos dan incluso lecciones morales. Fray Luis de Granada (Siglo XVI) escribió: “Verá también en ellas la imagen de una familia muy bien regida, donde nadie está ocioso, y cada uno es tratado según su merecimiento”.

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