Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación

0fbffe697bd6c406679eca537491b6dc

Este 11 de junio, se cumplen 17 años de la promulgación de la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación. Recordar sus orígenes y objetivos está muy al día en virtud de lo que hemos vivido en las últimas semanas respecto a odios raciales, tanto en el Mundo como en nuestro país.

Para algunos mexicanos resulta difícil de entender, y por lo tanto aceptar, que en México exista la discriminación, que se exprese ampliamente de muchas y desagradables maneras en nuestra vida ordinaria, al grado que nos parezca que no sea realmente discriminación, sino algo natural de nuestra convivencia, y esto, ya se entiende, resulta ofensivo para los discriminados.

El origen de la palabra Discriminar es el Latín: dis – crim, con el significado de separar, distinguir, cortar, separar, y no tenía las significaciones que ahora tiene.

Los motivos de discriminación entre nosotros, y en el mundo, suelen ser de raza, el color de su piel, el género o la preferencia sexual, asuntos culturales, laborales; así como la discriminación por distinciones políticas y religiosas.

Precisamente porque el algún momento los movimientos discriminatorios en México alcanzaron ciertos límites socialmente peligrosos, hubo necesidad de formular y promulgar una ley en el año 2003, con el nombre de Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación, la que consideraba “un problema urgente de resolver en nuestro país”, y lo enmarcaba en Los Derechos Humanos y en el Artículo 1 de nuestra Constitución Política. De los 34 Incisos que enumera como causas discriminatorias, vamos citar algunos por ser de los más frecuentes, y tomar conciencia de ellas en nuestra vida, y en la educación que damos a quienes de alguna manera es nuestra obligación formar como seres humanos justos.

“Negar o condicionar los servicios de atención médica. Difundir sin consentimiento de la persona agraviada información sobre su condición de salud. Negar la prestación de servicios financieros a personas con discapacidad y personas adultas mayores. Restringir el acceso a la información (pública, o en los medios de comunicación dando preferencias a unos). Limitar el derecho a la alimentación, la vivienda, el recreo. Realizar o promover violencia física, sexual, o psicológica, patrimonial o económica por la edad, género, discapacidad, apariencia física, forma de vestir, hablar, gesticular o por asumir públicamente su preferencia sexual. Promover el odio y la violencia a través de mensajes e imágenes en los medios de comunicación. Limitar la libre expresión de las ideas, impedir la libertad de pensamiento, conciencia o religión, o de prácticas o costumbres religiosas. Incitar al odio, violencia, rechazo, burla, injuria, persecución o la exclusión.”

Todo lo anterior conlleva actitudes discriminatorias, no sólo de las autoridades políticas o militares, también en la convivencia de todos los días entre nosotros. En todos los casos es una demostración de injusticia.

Y terminamos con una reflexión que seguramente ya hemos escuchado, pero que vale la pena recordar y tener siempre presente: la práctica de la discriminación, en cualquiera de sus modos, además de despertar sentimientos negativos en los agraviados contra quien los ofendió, pondrá siempre en riesgo la paz social.

Hoy, que el mundo ha sido unido en torno a una lucha común contra el Coronavirus, resulta terrible caer en la discriminación en lugar de promover la unión y la solidaridad entre los seres humanos.

Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario