Es curiosa esta coincidencia en el mes de julio, Ángela Peralta nació un 6 de julio (1845) y Juventino Rosas falleció un 9 de julio (1894): los dos más grandes músicos mexicanos del siglo XIX, dentro y fuera de nuestras fronteras; trabajaron juntos en 1883 durante una gira por todo el país, hasta la muerte de Ángela en Mazatlán ese año (38 años). Juventino murió en Cuba en 1894 (27 años), y los isleños pusieron en su tumba este epitafio: “La tierra cubana sabrá conservar tu sueño”.
De los dos en la actualidad poco sabemos, para desgracia de nuestras raíces culturales. Al menos para la música del siglo XX donde surgieron genios como Silvestre Revueltas (La noche de los Mayas), Julián Carrillo (inventor del Sonido 13), Carlos Chávez (Sinfonía India), Blas Galindo (Sones para gran orquesta), Candelario Huízar (Sinfonía No. 4, “Cora”), cuya música también ha llegado a todo el mundo, y de los que muchos de nosotros sólo conocemos los nombres, debido a una falla de la educación musical en nuestras escuelas.
A la Peralta conocieron como El Ruiseñor Mexicano después de su resonante triunfo en Turín; Italia, cantando “La Sonámbula”, de Vincenzo Bellini. El público no paraba de aplaudir y la obligó a salir 32 veces: algo inusitado. Contribuyó a la fama de este enorme acontecimiento el que estuvieran presentes el rey Víctor Manuel y su esposa.
Cantó también en Milán, Roma, Florencia, Bolonia, Lisboa, y hasta en El Cairo. En México cantó también en “El Gran Teatro Nacional”, y realizó giras para que el pueblo escuchara su canto.
En su corta vida Juventino Rosas compuso 40 obras, registradas curiosamente en Austria, Estados Unidos y Francia. Se cuenta que su obra más conocida, “Vals sobre las olas”, la escribió “Una mañana, después de una noche de fiesta, se fue al manantial del Río de La Magdalena y, estando en el agua, le vino de pronto una melodía que empezó a tararear. Salió del agua y extrajo de su saco un pequeño libro en el que escribió apresuradamente los primeros apuntes de la pieza. Al regresar a su casa, pidió quedarse solo y empezó a escribir su famoso vals”.
Los editores “Wagner & Levín, Sucs” compraron a Juventino los derechos de propiedad de casi todas sus obras, a precios muy bajos. Por esto, el compositor no recibió ninguna regalía, aunque su música se tocaba en casi todo el mundo, y finalmente murió muy pobre. Esto explica también la dispersión de su obra en tan variados archivos.
Dos extraordinarios inteligencias musicales de nuestro México, tan poco conocidos y menos apreciados, pero que son excelentes ejemplos de que los talentos de nuestro pueblo bien educados, como el de Ángela Peralta, o “líricos”, autodidactas, como Juventino Rosas, pueden llegar a ser pilares de nuestra cultura.
Por cierto, si bien atendemos no hay estado, región o zona de México donde no se cultive el arte musical. Nuestro pueblo “tiene alma musical”, y los compositores e intérpretes de esa música, directores, cantantes e instrumentistas, se cuentan por miles. Y, por si alguien tiene interés por sí o para sus hijos, tenemos escuelas musicales de muy alta calidad y reconocimiento. Por ejemplo: Conservatorio Nacional de Música, Escuela Superior de Música del INBA, Facultad de Música de la UNAM, Conservatorio Nacional de Música “Las Rosas” (el más antiguo de América, en Morelia), y en casi todos los estados hay escuelas, institutos, academias, colegios, conservatorios de música, de los que estamos esperando grandes obras.
