
Esta semana coinciden 2 fechas importantes en el calendario de nuestro México y ambas fechas están relacionadas con una figura importantísima de nuestra historia: Benito Juárez. La primer fecha, que es sobre la que vamos a hablar en el resto del artículo, conmemora la restauración de la república el 15 de julio de 1867 y, la segunda, el aniversario luctuoso de Don Benito que sucedió el 18 de julio.
Finalmente los mexicanos comprendieron que el triunfo de sus anhelos se estaba cumpliendo, y vislumbraron un periodo de paz y progreso, cuando el 15 de julio de 1867 vieron entrar triunfante a la ciudad de México a su presidente Benito Juárez, acompañado de su gabinete y del general Porfirio Díaz que lo escoltaba, después de una lucha cruel y sangrienta lo mismo en los campos de batalla, en las cancillerías de las grandes potencias de la época, que contra los grandes poderes internos del dinero y de la ideología. Había quedado ya superada la guerra contra el invasor francés, y los poderes de la república quedaban restaurados.
Por segunda vez el presidente Juárez entraba victorioso a la ciudad de México. Fue la primera el 11 de enero de 1861, al triunfo de la “Guerra de Reforma”, llamada también “Guerra de tres años”
El “manifiesto” que publicó el presidente Juárez al día siguiente contiene grandes enseñanzas del hombre que ha sufrido y que conoce las condiciones de su pueblo en ese momento, pero que, al fin estadista consumado, proyecta el futuro. Ante la imposibilidad de reproducirlo todo, vamos a recordar algunas frases y conceptos clave:
“El gobierno nacional vuelve hoy a establecer su residencia en la ciudad de México, de la que salió hace cuatro años. Llevó entonces la resolución de no abandonar jamás el cumplimiento de sus deberes, tanto más sagrados, cuanto mayor era el conflicto de la nación. Fue con la segura confianza de que el pueblo mexicano lucharía sin cesar contra la inicua invasión extranjera, en defensa de sus derechos y de su libertad.
“Lo han alcanzado los buenos hijos de México, combatiendo solos, sin auxilio de nadie, sin recursos, sin los elementos necesarios para la guerra. Han derramado su sangre con sublime patriotismo, arrastrando todos los sacrificios antes que consentir en la pérdida de la República y de la libertad. En nombre de la patria agradecida, tributo el más alto reconocimiento a los buenos mexicanos que la han defendido, y a sus dignos caudillos.
“No ha querido el gobierno, y menos debiera en la hora del triunfo completo de la República, dejarse inspirar por ningún sentimiento de pasión contra los que lo han combatido. Su deber ha sido, y es, pesar las exigencias de la justicia con todas las consideraciones de la benignidad… ha demostrado su deseo de moderar en lo posible el rigor de la justicia, conciliando la indulgencia con el estrecho deber de que se apliquen las leyes, en lo que sea indispensable para afianzar la paz y el porvenir de la nación.
“Mexicanos, Encaminemos ahora todos nuestros esfuerzos a obtener y a consolidar los beneficios de la paz. Bajo sus auspicios, será́ eficaz la protección de las leyes y de las autoridades para los derechos de todos los habitantes de la República. Que el pueblo y el gobierno respeten los derechos de todos. Entre los individuos, como entre las naciones el respeto al derecho ajeno es la paz.”
