
Los Juegos olímpicos de “México 68” han venido poco a poco desapareciendo de la memoria de los mexicanos como una de las acciones de mayor importancia en la historia cultural y deportiva de nuestro país. Sin embargo, eso no demerita su trascendencia, que en muchos aspectos todavía vivimos a 52 años de su inauguración, el 12 de octubre de ese año.
Por ejemplo, por primera vez unos juegos, o mejor, una actividad internacional de tal magnitud, fue la trasmitida a todo el mundo desde los centros deportivos de la ciudad de México y de otras ciudades mexicanas que fueren sede de diferentes deportes, gracias a una red de microondas que tuvo como ejes la antena del Centro de Telecomunicaciones de ahora viejo edificio de la SCOP, y de la puesta en servicio de la antena de Tulancingo, que enviaba la señal a un satélite de la serie INTELSAT, y de ahí al mundo. Y es más, fue la primera transmisión en vivo de muchos deportes que no lo habían sido, ¡y en color!, lo que tampoco se había hecho, y en ese momento se alcanzó una audiencia entonces impensable, de 600 millones de televidentes.
Esto dio ocasión para recordar que fue el ingeniero tapatío Guillermo González Camarena quien inventó la televisión a color.
Otros datos interesantes son éstos: en los estadios y el resto de las sedes se establecieron 237 posiciones para cámaras de televisión, 390 para radio, se instalaron 156 cabinas para los cronistas deportivos, que narraron las hazañas de 5516 atletas de todo el mundo, con este otro dato interesantísimo: por primera vez participaron 781 mujeres, lo que no se había visto antes.
Y esto: Por medio de equipos de cómputo se crearon 83 programas de ruta crítica: 25 para el diagrama maestro y la organización deportiva, 8 para los servicios, 2 para las ceremonias de apertura y clausura, 7 para la “Olimpiada Cultural”, y 41 para las villas olímpicas.
Con todo esto México entró de lleno a la era de las telecomunicaciones y de la computación.
Y, además, en su tiempo fue voz común que hasta ese momento habían sido los juegos olímpicos mejor organizados de todos los tiempos.
Con todo esto, en los años 60’s del llamado económicamente “milagro mexicano”, la imagen de México y de los mexicanos ante el mundo cambió radicalmente, de un sombrerudo eternamente dormido bajo un cactus, a un país en pleno desarrollo, lo que, además del mundo de los negocios y de las inversiones, de paso abrió mil oportunidades en el extranjero para cientos de estudiantes en áreas como la física, la química, los ordenadores, la astronomía, y otras ciencias.
Mucho, mucho más hay para comentar de estos juegos, sobre todo de la Primera Olimpiada Cultural y de su proyección mundial, pero basten estos recuerdos para darnos una idea de lo que afirmamos arriba: han sido de grande importancia para la vida cultural y deportiva de nuestro país.