
A propósito del Día Internacional del Migrante que se celebró el pasado 18 de diciembre, hemos querido recordar y resaltar que México, desde sus orígenes, se ha venido formando como una nación de migrantes, con características muy particulares, desde luego, como la de haber aceptado influencias culturales importantes.
Como bien sabemos el pueblo que conocemos como Olmeca, es del primero que tenemos noticia de haberlo encontrado ya instalado en un territorio y con una cultura tan desarrollada que se le conoce como la “cultura madre” de todas las subsiguientes mesoamericanas. Y es que los pueblos que aparecieron después, desde los Teotihuacanos, los Mayas, los Mexicas y todos los demás, dejaron testimonios de haber llegado de “de otros lugares”.
Posterior a estos movimientos, cuando ya los pueblos estaban asentados y no había posibilidades de que llegaran otras migraciones del norte o del sur, llegó la Europea, particularmente en nuestro caso, la de las poblaciones que habitaban en ese entonces, alrededor del año 1500 dC, la península Ibérica. A lo que se comenzó a conocer como Nueva España, llegaron Castellanos, Vascos, Gallegos y Aragoneses, principalmente.
En todos los casos, los recién llegados encontraron pueblos que ya estaban asentados y que defendieron sus territorios y sus bienes. Los pueblos Nahuas, Mayas y Purépecha, por ejemplo, una vez que vencieron a los pobladores anteriores, si bien hicieron guerras de conquista, no lo fueron de exterminio, y de alguna manera respetaron la cultura y la religión de los pueblos que pasaron a su dominio.
Como bien sabemos, no fue así en el caso de la inmigración europea, en ninguno de los territorios que conquistaron en el continente que ahora conocemos como América, con un agregado difícil de entender para nosotros: la limpieza étnica, que dio lugar al injusto raciscmo. Así la migración hispana, en nuestro caso, destruyó las culturas ancestrales, aniquiló las religiones y casi exterminó los pueblos originarios. Históricamente esto dio origen a un nuevo pueblo, a una nueva nación, a una nueva cultura. Somos los Mexicanos, un pueblo que se encuentra todavía en evolución, en busca de su futuro, y que ahora recibe y envía migrantes.
Debemos hacer aquí una distinción: los refugiados y los asilados políticos no son estrictamente migrantes, pues pueden regresar a sus lugares de origen cuando terminen las circunstancias que los expulsaron. Así México recibió durante el siglo pasado a Españoles, Judios, Libaneses, Argentinos y Chilenos, quienes contribuyeron grandemente a enriquecer nuestra cultura, e influyen en asuntos tan delicados como la educación y la economía.
Una de las características fundamentales de la historia de la humanidad es la migración de los grupos humanos, siempre motivados por la búsqueda de mejores condiciones de vida, originalmente por motivos de alimentación o de mejores climas. Esto ha significado desde el principio que el migrante tuvo, y tiene, como rasgos distintivos la valentía para encontrarse y enfrentar lo desconocido, luchar por superar los obstáculos y generalmente vencerlos, y contribuir con algún provecho en sus nuevos lugares de asentamiento.
En la actualidad las migraciones han sido motivadas principalmente por la escasez de alimentos, de oportunidades por una vida mejor (la pobreza) para el migrante y su familia, por las guerras. Lo que ha causado también que para llegar a los territorios que pretenden alcanzar, han de atravesar otros territorios. Esto no se considera una migración, sino extranjeros en tránsito. México ha tenido muchos problemas en los últimos años por esta característica de ciudadanos centroamericanos, asiáticos y hasta africanos. Sin embargo, las leyes mexicanas los protegen, y los problemas aparecen cuando los extranjeros no respetan las leyes mexicanas.
Pero esto es otra historia, que seguramente tendremos la oportunidad de comentar alguno de estos días.