
Artículo escrito en honor del personal médico que ha enfrentado al Covid 19
Todos hemos oído hablar de los héroes anónimos, y es bueno recordar esta frase ahora que en estos meses de septiembre, octubre y noviembre recordaremos a muchos e de los grandes hombres, de las grandes mujeres, y el sinnúmero de héroes desconocidos que a lo largo de 220 años de muchas maneras han sacrificado sus bienes, su comodidad, sus familias, y hasta su vida por sus hermanos mexicanos, con quienes les tocó vivir, y con los que vendrían después. Y es que ahora, en estos momentos, tenemos también cientos de héroes anónimos.
La Independencia, por ejemplo, costó más de 250 mil vidas tanto de españoles como de mexicanos. Es cierto que Hidalgo, Morelos, Allende encabezaron la rebelión, pero lograr un país libre para quienes vendrían después de ellos no lo hicieron solos, sino fundamentalmente fue el pueblo, con personas emblemáticas como “El Pípila”, o los 16 hombres de Nocupétaro con quienes Morelos inició sus campañas, o la señora Rafaela López, madre de los cuatro hermanos Rayón López, de Tlalpujahua, quien dijo a las autoridades virreinales que “prefería ver muertos a sus hijos que indultados.
Durante las Guerras contra Estados Unidos y contra los franceses, así como en la Guerra interna de Reforma; esto es, de los años de 1846 a 1867 el pueblo mexicano sufrió mucho, y fueron los ahora olvidados “Chinacos” y las “Chinacas”, personas que murieron defendiendo el territorio mexicano, su libertad, y dieron origen a un verdadero sentimiento de nacionalidad mexicana. Igual que antes, en la Historia aparecen los nombres de los grandes generales y de los grandes civiles que alrededor del presidente Juárez triunfaron sobre todas las adversidades, pero lo hicieron guiando a la gente del pueblo convertida en soldados, casi desnudos, hambrientos e inicialmente con armas primitivas, como lazos, machetes, hondas, hachas.
Y todos sabemos de la grandeza de los soldados y soldaderas de La Revolución, que se levantaron en armas para seguir a sus caudillos, y “¿quién dijo miedo, muchachos?”, hasta lograr la transformación de México de un país analfabeta y esclavizado, a uno libre y que paulatinamente ha llegado a ser uno de los más importantes del mundo.
Pues todos esos Valores de los mexicanos forjados a lo largo de nuestra Historia, hoy tiene un grande, pero lamentable, expresión de grandeza, de sacrificio y solidaridad, de entrega sin condiciones a salvar vidas, a costa muchas veces de la propia. A fines de agosto anterior, se calculaba que habían muerto en los hospitales de México poco más 1,300 médicos, enfermeras, camilleros y oros servidores de la salud, a causa de atender a los enfermos de Covid-19, y quedar su vez infectados. Lo maravilloso del caso es que el personal que sirve en los hospitales, muchas veces sin el equipo apropiado, ve caer a sus compañeros, pero ellos no se rinden: cansados, separados de sus familias, mal comiendo y peor durmiendo en los consultorios, siguen adelante, tratando de salvar más vidas. México, según las estadísticas de Amnistía Internacional, es el quinto país donde más personal de salud ha muerto por esa causa.
Todos ellos son en verdad tan grandes seres humanos, como lo fueron aquellos que murieron como héroes desconocidos. A nosotros sólo nos toca admirarlos, ayudar a los que todavía pelean contra la pandemia en hospitales y centros de salud, como ofreciéndoles comida y agua, algún recurso para su seguridad, y sobre todo con nuestro agradecimiento. México sigue dando muchos y muy valorados héroes anónimos, ¡sí, señor!



En los calendarios cívicos de México se conmemora la fecha del 




