
Uno de los libros más conocidos, y quizás más leídos, de nuestros escritores en el extranjero, es “El laberinto de la soledad”, de Octavio Paz, nuestro orgulloso Premio Nobel de Literatura 1990.
El escrito, publicado inicialmente en 1950, es un análisis de la sociedad mexicana a partir de de La Independencia, hasta el año de 1959, fecha de su última actualización, y pertenece al género literario del Ensayo (escribió 30 grandes Ensayos), el que junto con la Poesía (publicada en 28 libros) fueron para Paz las herramientas artísticas con que se dio a conocer universalmente, y que nos dejó a los mexicanos como un legado cultural extraordinario.
Dice, por ejemplo, que el culto y la fiesta a la muerte son símbolo de una venganza contra la vida; que los mexicanos somos creyentes pero no crédulos, somos optimistas pero creemos en muchos mitos y leyendas. En otras partes afirma que nuestras actitudes de autodefensa son como máscaras que nos ayudan a ocultar la realidad que no nos gusta, lo mismo nuestra aparente resignación y nuestra ingeniosa ironía. El “ninguneo” y cuando damos el silencio por respuesta, son mecanismos de defensa, no son ofensivos, son una forma de lucha a la mexicana en las relaciones entre nosotros y con los extranjeros.
Octavio Paz hace un estudio sobre los mexicanos, su manera de ser, de comportarse y de ciertas costumbres que lo hacen único. El mexicano siempre está en busca de una identidad, no se siente a gusto, duda de lo que es, flota en un ambiente hostil por pertenecer a una sociedad cambiante, se siente solo mas no inferior
Si bien es cierto que mucho ha cambiado el pueblo mexicano en poco más de medio siglo, también lo es que muchas de los usos y costumbres que culturalmente nos identifican se mantienen: por eso es tan importante conocer la visión de Paz, y vernos en sus geniales conceptos y análisis.
Su lectura es necesaria para todo mexicano, no sólo por válidos valores culturales, también porque nos ayuda a comprender mejor nuestros comportamientos sociales, religiosos, laborales, empresariales, y aun de nuestros éxitos y fracasos individuales y como pueblo ante nosotros mismos y ante el extranjero. Es una lectura que no debemos posponer, o de repetir si ya la hicimos. Vale la pena.





Por primera vez las mujeres votaron en unas elecciones federales el 3 de julio de 1955, resultado de las modificaciones constitucionales al Artículo 34 promovidas y publicadas por el presidente Adolfo Ruiz Cortines.




